miércoles, 29 de febrero de 2012

Relato - La senda del Minotauro - Capitulo 2

Capitulo 2.

- Börglik -


En una oscura celda, en lo más profundo del Monte Grimfang, donde no llega la luz del sol, se halla una figura tirada inerte sobre el suelo, rodeada de inmundicia.
Un sonido lejano  hace que se remueva inquieto; Sus parpados se agitan tratando de abrirse sin obtener resultado, por fin lo consiguen, se abren un poco. Apenas siendo consciente de lo que le rodea la figura levanta la cabeza, parpadeando varias veces hasta que logra acostumbrar su visión a la oscuridad que le rodea; se incorpora y mira la estancia en la que se encuentra, al momento un doloroso latigazo de recuerdos invaden su cerebro, ahora ya sabe donde esta y sabe por qué está ahí, pero no se explica cómo ha llegado a esta situación. Trata de repasar otra vez los neblinosos recuerdos del día en que fue capturado. No sabía el tiempo que había pasado, su grupo se internó en las mazmorras de Monte Grimfang a fin de completar un encargo de los enanos de Karak-varn, querían recuperar el martillo de Thuruk-vandin, saqueado por Orcos Blancos de una caravana con destino a Barak-varr.

Al poco de entrar allí el grupo fue emboscado, en la confusión quedaron divididos, Anon, Ewin y Stigund consiguieron huir, mientras Börglik seguía luchando ciegamente contra un enemigo cada vez más numeroso de orcos y goblins, estos últimos muy por detrás de sus compañeros más grandes.
Tal vez sea necesario explicar las tácticas de combate de un goblin, invariablemente un goblin es un cobarde, a menos que este en superioridad numérica, en cuyo caso un goblin es un cobarde con más posibilidades de vivir para ver otro amanecer, o lo que quiera que le guste ver a un goblin, pero si además de estar en superioridad numérica hay orcos cerca un goblin es un cobarde con posibilidades de vivir y además afortunado, porque sabe que el orco además de estúpido es sanguinario, se lanza a la lucha casi sin pensar mientras que el goblin solo tiene que degollar a los agonizantes y robarles sus pertenencias. Carroñeros eso es lo que son.
Börglik luchaba con furia, ningún orco sobrevivía al paso de su espada, y su mirada mantenía al margen a los malditos goblins. Pero el minotauro ya era otro cantar, por un momento creyó que había conseguido abrir un paso entre los orcos y goblins, hasta que una enorme pezuña se interpuso en su camino; vio venir el garrote, pero no pudo esquivarlo, caído en suelo bocarriba pudo ver detalladamente al enorme minotauro que se erguía sobre él. El garrote subió otra vez, se detuvo.
  
   -¡Kon bida!- la voz venia de un punto muy por detrás de Börglik.

El garrote bajo muy despacio, y entonces alguien le dio una patada en la cabeza, la luz se apago y sus recuerdos también.

   -¡Malditoz karroñeroz! Dije kon bida.-

Eso es lo último que recordaba, su arma y demás pertenencias habían desaparecido, Börglik rezó por qué no hubiesen caído en manos de un apestoso goblin; esas criaturas eran como ratas las hay a miles y saben esconderse muy bien.

Un movimiento al fondo de la celda llamo su atención, no era que se pudiese ver mucho en la oscuridad pero al menos le pareció que un parte de la oscuridad se movía en su dirección; se puso en guardia, las piernas tensas, cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, mecánicamente se llevo la mano al cinto en busca de la espada y cayó en la cuenta de que ya no la tenía. La oscuridad seguía acercándose, de pronto apareció un punto de luz a la derecha de la figura proveniente de una vela casi agotada. La sangre se le helo en las venas, ahora podía ver a su compañero de celda y era un minotauro.

   -¡Quieto estúpido! No retrocedas mas, o caerás por el pozo.- La voz profunda del minotauro lo sobresalto, se dio cuenta que mientras lo decía miraba un punto que quedaba por detrás de su pie derecho.
   -Esperas que caiga en un truco tan vil, si ahora me giro aprovecharas para lanzarte sobre mi y romperme el cuello.-

Börglik no lo habría jurado pero parecía como si la temperatura en la celda hubiera bajado unos grados, una de las cejas del minotauro se movió espasmódicamente de arriba a abajo, y cuando dejo de hacerlo su dueño consiguió articular:

   -Perro miserable, estúpido bípedo descerebrado de pensamiento unidireccional, no ves que te saco dos cabezas, de querer matarte no usaría ningún truco lo único que tendría que hacer seria golpearte una o dos veces en la cabeza y ni siquiera muy fuerte.-
   -Ya claro, pero yo soy más rápido que tú.-

Esto lo dijo sin mucha convicción; sin pensarlo retrocedió otro paso y sintió que algo no andaba bien con su pie, parecía diferente del otro, como más liviano o quizás no fuese su pie tal vez era el suelo, si eso era, por un momento aleteo con el pie en el aire y supo que le faltaba, suelo; trato de trasladar el peso de su cuerpo al otro pie pero ya era demasiado tarde, caía de espaldas, al menos por un segundo, luego noto que algo tiraba casi salvajemente de su brazo hacia arriba, hacia la salvación, una salvación dolorosa a juzgar por su hombro que empezaba a entumecerse; el minotauro lo tiró al suelo despreocupadamente.

   -Escúchame bien estúpido, no voy a matarte, aunque ahora mismo tenga bastantes ganas de hacerlo te necesito con vida.-
   -¿Para qué me necesitas?-

Börglik observo con detenimiento al minotauro, su pelaje era marrón con algunas manchas blancas, ciertamente le sacaba dos cabezas de altura, uno de sus cuernos estaba partido por la mitad, y llevaba varios aros por todo el cuerpo. La sombra de un recuerdo borroso le golpeó dolorosamente la cabeza.

   -¡Tú fuiste quien me ataco!- Börglik le señalo acusador con el dedo.
   -Cálmate y te lo explicare.-
   -Como quieres que me calme, intentaste matarme; y ahora que, ¿Qué clase de juego es este? atácame de una vez, si tengo que morir prefiero que sea sin juegos crueles-
  
Y justo eso fue lo que hizo, le lanzo un puñetazo que le alcanzo en pleno pecho, ni siquiera era un puñetazo demasiado fuerte pero fue suficiente como para levantarlo del suelo, voló lo que le parecieron cientos de metros antes de caer pesadamente al suelo; antes de que pudiese ponerse de pie vio al minotauro encima de él, mirándolo con desprecio y soltando espumarajos de rabia por la boca.

   -¡Ese jodido chamán me tenía bajo su jodido hechizo!-

Los últimos espumarajos le acertaron al bárbaro en toda la cara, gotas de baba caliente de minotauro le resbalaron desde la frente hasta el pecho. Después del estallido de ira se calmo, su cara dejo de ser un rictus furibundo para pasar a ser…bueno eso…la cara de un minotauro, ni bella ni demasiado horrible, pero al menos no parecía que le fuese a golpear otra vez.

   -¿Un chamán?, ¿Tienen un chaman que se dedica a controlar minotauros?-
   -Entre otras cosas, si-
   -Creía que los chamanes no tenían ese poder.-
   -Normalmente no lo tienen, debe de tener algún tipo de ayuda o algún amuleto, no sé, no tengo ni idea de cómo lo hace- Pareció que sus hombros se hundían un poco –Los minotauros somos una raza orgullosa, no tienes ni idea de cómo me siento sabiendo que un ser de raza inferior puede controlarme a su voluntad-

Sus ojos se fijaron en los de Börglik, y pudo ver la sombra del odio pasar por ellos, pero también vio otra cosa, vio determinación, y no le gusto en absoluto.


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